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Newmont lidera la digitalización en la Argentina pero no todo lo que brilla es oro

cerro negro

El país resigna la propiedad de los datos que terminan en Denver, Estados Unidos

Nélida Esquivel no desciende a la mina, como antaño. Y esa es, probablemente, la mejor noticia de seguridad industrial que ha tenido la Patagonia durante la última década.

Desde una sala de control climatizada, a cielo abierto, esta superintendente de Producción mueve toneladas de roca que están a 600 metros bajo sus pies. No hay polvo de sílice, riesgo de derrumbe ni oscuridad. Solo una pantalla, un joystick y la tecnología sueca de Sandvik (AutoMine Lite) haciendo el trabajo sucio.

“Es una nueva forma de hacer minería”, explicó Marcelo Campos Ubeira, ex gerente de la operación, cuando inauguró este sistema en 2022. Pero lo que en Cerro Negro parece ciencia ficción, es la nueva normalidad global. Y tiene un costo oculto, silencioso y estratégico que nadie en Argentina está facturando todavía.

En febrero de 2025, Newmont confirmó una inyección de U$S800 millones (con ejecución escalonada a seis años) para la expansión “Cerro Negro 1”. El objetivo es prolongar la vida útil más allá de 2035 y llevar la producción a 220.000 onzas anuales en 2028.

La mina genera entre U$S400 y U$S600 millones en exportaciones y emplea directamente a unas 1.400 personas y de forma indirecta a muchos otros. Además, tiene reservas comprobadas por 3 millones de onzas de oro y 20,7 millones de onzas de plata.

Técnicamente, se la reconoce como una obra maestra de la ingeniería. Estratégicamente, en cambio, es una caja negra. Porque las cinco capas de inteligencia artificial que sostienen esta operación no piensan en español, ni se quedan en Santa Cruz.

La máquina que trabaja mientras dormimos

El trabajo de este modelo puede dividirse en capas. La “Capa 1” es la teleoperación (eso ya forma parte del pasado). La revolución real, la que aún sorprende, es la “Capa 2”: la autonomía total.

Desde 2024/2025, las perforadoras Sandvik DS422i y los jumbos DD422i operan con sensores de bloqueo inteligente. En la práctica, ésto se traduce en un proceso de automatización impensable hace sólo 10 años porque cuando los mineros del turno saliente suben a superficie y los del turno entrante todavía no bajaron, la máquina sigue perforando. Sola.

Los sensores deciden cuándo frenar ante un humano, pero si el pasillo está vacío, el trabajo no se detiene. La mina no duerme, no pide hora extra y ya no te necesita para sostener el pico.

El beneficio es evidente. No existe exposición de personas en zonas inestables. El riesgo de atrapamiento y golpes se eliminó. La vida de Nélida y los trabajadores es bastante más segura pero sobrevienen otros problemas de salud. El riesgo mutó de piel. El minero ya no se rompe la espalda cargando roca, pero el teleoperador desarrolla trastornos musculoesqueléticos severos por mantener la postura fija frente a la pantalla durante 12 horas continuas, sin descanso ni derecho al relajamiento.

Los trastornos muscuesqueléticos tienen graves consecuencias: sufrimiento, incapacidades laborales, discapacidad, absentismo,

Un informe reciente publicado por ScienceDirect sobre el aparato aparato locomotor, señala que los “trastornos muscuesqueléticos de origen laboral”, se han ido acentuando en los últimos años debido a los cambios del mundo del trabajo. ” La globalización del fenómeno de los TME con la globalización de la economía significa “no es sólo una cuestión de desigualdad social en términos de salud y de mantenimiento en el trabajo de las personas mayores de 50 años, sino también una cuestión médico-social y económica para la competitividad de las empresas y los países”.

Los TME son una fuente de vulnerabilidad para los trabajadores, debido al sufrimiento diario y a la minusvalía que provocan, así como al pronóstico terapéutico, que varía en función de la localización y el tipo de tejido lesionado..

En Argentina, el convenio de la Asociación Obrera Minera Argentina (AOMA) corre detrás de la tecnología.

Cuando el operador pide licencia por tendinitis o lumbalgia crónica, la empresa lo registra como “enfermedad común”, no como accidente laboral. Y en las estadísticas de seguridad de Cerro Negro, los incidentes graves siguen en cero. Cero total. Una estadística impecable que esconde los daños ocasionados por las enfermedades derivadas de esta nueva modalidad de trabajo..

Además, en mayo último pasado, el Gobierno de Santa Cruz realizó una inspección integral en el yacimiento Cerro Negro y emplazó a la empresa Oroplata S.A. a corregir distintas irregularidades detectadas durante los controles.

inspeccin integral cerro negro 3
Cerro Negro, por dentro.

La fiscalización, que se llevó adelante en el complejo minero ubicado en cercanías de la localidad de Perito Moreno, detectó falencias ambientales y manejo inadecuado de residuos

El cerebro está en Colorado (y eso es un problema de soberanía)

Detrás de la maquinaria pesada hay una tercera capa, invisible y mucho más valiosa que el oro. Newmont utiliza la plataforma Trakka (de Dingo) para el mantenimiento predictivo.

¿Cómo funciona? La flota de camiones y cargadoras emite cientos de señales por segundo. Temperatura, vibración, presión de aceite, ciclos de trabajo.

El algoritmo de Trakka detecta que un motor está subiendo su temperatura de forma anómala antes de que el operador escuche algo raro o siquiera huela el humo. La alerta viaja, se procesa y la orden de mantenimiento regresa. Pero, ¿quién procesa esa alerta? ¿Quién decide que ese motor se cambia hoy y no mañana?

No es un ingeniero en Perito Moreno. Son analistas en los Centros de Soporte de Operaciones en Perth (Australia) y Denver (Colorado).


Dato clave: Argentina no tiene regulación que exija la localización de servidores o el procesamiento de datos críticos en el país. Los datos de producción, fallas mecánicas y geología de alta precisión cruzan la frontera en tiempo real.

Mientras Chile debate marcos de gobernanza de datos industriales desde 2023 y la Unión Europea aplica su Data Act (que obliga a que los datos de la maquinaria sean accesibles para el usuario, no solo para el fabricante), Argentina opera en un vacío legal absoluto.

Gustavo Lahoud, economista especializado en soberanía tecnológica, lo resumió sin vueltas en 2024: esto es una nueva forma de extranjerización de la renta. No nos llevamos solo el oro; nos llevamos la inteligencia del yacimiento. Saber cuándo falla cada pieza, qué zonas rinden más y cuáles son los cuellos de botella tiene un valor económico varias veces millonario. Hoy, ese valor se queda en las nubes de Amazon o Microsoft.

La red que falta y la voz que no escuchan

La “Capa 4” promete conectar todo mediante redes 5G privadas de Ericsson. Newmont ya aprobó el despliegue global para sus operaciones “Tier 1”. En Cerro Negro hoy se usa WiFi y radio; la 5G está en hoja de ruta. Cuando llegue, permitirá conectar 12 máquinas simultáneas con baja latencia. Eso multiplicará exponencialmente el volumen de datos que viajarán hacia el norte.

Y aquí entra la “Capa 5”, la más delicada y la menos discutida: la fatiga cognitiva. Un operador de maquinaria física se cansa físicamente. Claro, el cuerpo avisa con dolor, con sueño, con lentitud. Un teleoperador puede llegar al final del turno sin una gota de sudor, pero con el sistema de atención completamente agotado.

En la minería chilena, donde la automatización lleva años de ventaja, ya se experimentan sistemas de monitoreo biométrico y análisis de voz para detectar si un operador está en condiciones mentales de arrancar el turno. En Cerro Negro, eso no existe ni está en los planes. La Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) no regula la teleoperación ni el desgaste mental, el sindicato tiene una mirada añeja de los accidentes laborales y la empresa apuesta a no hacer nada. La tormenta perfecta.

El operador puede llegar al final de su turno con el cerebro “quemado”. Y si se equivoca, no se cae un techo: se equivoca una coordenada de perforación por milímetros, o una carga de explosivo mal calculada. El riesgo pasó de ser físico a ser neurológico, y no existe un marco legal que lo regule.

¿Confianza o colonialismo digital?

El gobernador de Santa Cruz, Claudio Vidal, celebró los oportunamente U$S800 millones como una señal concreta de confianza en la provincia. Y tiene razón. Newmont necesita estabilidad jurídica; Argentina necesita divisas y empleo bien pagado. El intercambio es real y funciona.

No obstante, existe una asimetría brutal que ningún comunicado oficial menciona. Newmont ofrece a Argentina una operación de primer nivel mundial, pero a cambio se lleva la “caja negra” del negocio.

Nélida Esquivel opera una máquina sueca, conectada a una red que será europea, procesando datos en servidores estadounidenses, para extraer oro que se vende en Londres. El ciclo completo de valor ocurre fuera de nuestras fronteras. Acá ponemos la tierra y la gente; allá se quedan con la patente, el algoritmo y la información.

En números: Cada onza generada en una mina digitalizada produce terabytes de datos operativos críticos. Toda esa información, que es el “mapa del tesoro” del siglo XXI, cruza la frontera antes de que un ingeniero argentino pueda siquiera mirarla.

La pregunta ya no es si vamos a minar con robots. Eso ya pasó. Ahora debemos preguntarnos sí, dentro de diez años, seremos capaces de programarlos, o si seguiremos siendo apenas el escenario físico donde ellos trabajan, mientras su inteligencia descansa, tranquila y segura, en Colorado.

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