Los relaves mineros, entre el desastre y jugosos dividendos

Una montaña silenciosa y artificial, pero que tiene mucho para decir, se alza frente a la imponente minera aurífera Yanacocha (la cuarta más importante del mundo), en Perú. No es un cerro natural, sino un depósito de 1,2 millones de toneladas de relaves; desechos sólidos y líquidos producto de décadas de extracción de oro, que llevan ahí postrados, que encapsulan arsénico, residuos de cianuro y distintos metales pesados como plomo, cadmio y mercurio en concentraciones que superan los límites permisibles del Convenio de Minamata.

Esta montaña, conocida como el depósito Chimachoque, ha sido fuente de una fuerte controversia ambiental y social por la lluvia de denuncias de contaminación de los ríos Llaucano y el Maygasbamba, generando conflictos con las comunidades locales por el despojo de tierras y el incumplimiento de la normativa ambiental. Representa el gran dilema existencial de la minería global a inicios de 2026.

Continuar acumulando un pasivo tóxico y riesgoso que genera pasivos peligrosos estimados en cientos de miles de millones de dólares o aprender a verlo como el banco de metales estratégicos más grande del planeta, comparable en escala a las reservas probadas de cobre de la Cordillera de los Andes.

La elección, simplificada al extremo, es entre un desastre anunciado –como los colapsos históricos de El Cobre (Chile, 28 de marzo de 1965 donde hubo 200-800 muertes por terremoto y un pueblo sepultado por los productos del relave de El Soldado), Fundão (Brasil, 2015: 43 Mm³ liberados, 19 muertes directas) y la tragedia de Brumadinho (Brasil, 2019, 272 muertes)– y un dividendo económico tan importante que alcanzaría para financiar la transición energética global.

La biooxidación en Ecuador extrae oro sin cianuro y estabiliza arsénico en un mineral seguro.

Por primera vez, la segunda opción no es solo un deseo, sino una ruta técnica y viable, respaldada por prototipos comerciales que ya generan retornos internos del 15-25% en escenarios conservadores, como el reprocesamiento en Los Rosales (Perú, desde 2021) por recuperación de cobre/oro de relaves abandonados. Inédito, se puede resucitar la muerte encarnada por el relave y transformarla en una muestra elocuente de vida.

Los números que muestran la gravedad de la crisis

Las cifras del Global Tailings Portal, una iniciativa del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el Consejo Internacional de Minería y Metales (ICMM), resultan abrumadoras.

La humanidad ha acumulado alrededor de 282.000 millones de toneladas de relaves en más de 30.000 instalaciones dispersas por el mundo (sin contar muchas otras que no están registradas, lo que las hace aún más peligrosas), desde los árticos depósitos de níquel en Canadá hasta los tailing dams de bauxita en Guinea. Este inventario, que crece a razón de entre 5.000 y 15.000 millones de toneladas por año impulsado por la demanda de baterías de litio y semiconductores, es el legado poco conocido de un siglo de minería lineal caracterizada por tasas de recuperación históricas del 60-80%, dejando atrás gradientes de metales valiosos diluidos en matrices silíceas.

Basta recordar los relaves de El Teniente (Chile, 1928 colapso Barahona: 4 Mt sólidos, 55 muertes). Su sombra es alargada, preocupante, los accidentes de presas de relaves han causado más de 3.000 muertes documentadas (al menos 482 en las últimas dos décadas), 4.000 kilómetros de vías navegables dañadas (Yilmaz et al.), con daños ambientales que persisten por generaciones, como la contaminación por plomo en ríos amazónicos que afecta cadenas tróficas enteras y comunidades indígenas, o el río Paraopeba (Brasil) aún no recuperado casi 11 años después de Fundão.

El PNUMA estima 282 mil millones de toneladas de relaves globales, una reserva estratégica valorada en 3.4 trillones de dólares

De pasivos tóxicos a reservas estratégicas

Sin embargo, como contracara, enterrado en ese mismo pasivo, se oculta un valor económico sin igual. Con las cotizaciones actuales de metales –oro a U$S2.600/oz, cobre a U$S4.80/lb y tierras raras como el neodimio a más de U$S151/kg, con datos de enero 2026–, el contenido de cobre (estimado en 12-15 billones de toneladas), oro (2.500-3.000 toneladas), hierro, tierras raras y otros elementos críticos atrapados en los relaves supera los 2,4 billones (trillions de Estados Unidos) de dólares, según modelados de Minviro y el Joint Research Centre de la UE.

El desafío ya no es solo gestionar el riesgo bajo el Global Industry Standard on Tailings Management (GISTM, certificado al 45% en mineras top 40), sino aprender a capturar ese valor de forma segura y limpia, mediante tecnologías que integran la IA para predicción de estabilidad geotécnica y bio-remediación escalable, como en casos pioneros históricos.

Esta cifra no es solo un indicador de impacto ambiental, representa el mayor inventario de materiales procesados en la historia de nuestra especie. Lo que antes era un pasivo tóxico y un costo de mantenimiento permanente, hoy se revela como una reserva estratégica valuada en más de U$S3.4 billones gracias a la cotización actual de los metales.

El ojo puesto en 30 corporaciones

La responsabilidad de este giro recae, en gran medida, en las aproximadamente 30 grandes corporaciones mineras –BHP, Rio Tinto, Vale, Glencore, Newmont, Anglo American, Freeport entre otras– que controlan más del 60% de los relaves activos del mundo, equivalentes a 170.000 millones de toneladas.

A lo largo de su historia, estas empresas operaron dentro de la paradoja que sus principales beneficiarios financieros, como el gigante gestor de activos BlackRock (con más de U$S14 billones bajo gestión y una posición accionaria mayoritaria o de peso en estas mineras, con participación (stake) del 6-12% a través de fondos ETFs como iShares MSCI World), obtenían dividendos desde centros financieros globales como Nueva York y Londres, mientras las comunidades aledañas a los depósitos asumían en sus propios terruños los riesgos y los costos desde drenaje ácido de minas hasta sismos inducidos, como el caso de Anglo American en Pérez Caldera (Chile, 1987 casi-colapso).

BlackRock, por ser el accionista mayoritario y permanente, no regula desde fuera. Tiene un peso desequilibrante que le permite gobernar desde adentro.

Esta desconexión entre beneficio y riesgo está siendo sometida a prueba desde el corazón del sistema financiero (con fondos ESG presionando por mayor transparencia bajo SFDR y TCFD) y por las mayores presiones de distintos sectores de la sociedad civil que reclaman desde hace décadas un giro de 180 grados en las políticas mineras.

BlackRock juega

BlackRock, por ser el accionista mayoritario y permanente, no regula desde afuera. Tiene un peso desequilibrante que le permite gobernar desde adentro. Al apoyar el Estándar Global de Gestión de Relaves (GISTM), da una instrucción de voto a sus equipos en las asambleas anuales de estas compañías.

Este voto decide quién entra a los directorios y cómo se desembolsa el dinero, priorizando CAPEX en reprocessing (gastos en capital) sobre expansión greenfield.

La presión no es una multa regulatoria de la SEC, es una amenaza directa al valor de la firma. Si la empresa no presenta un plan creíble con el fin de transformar el pasivo –con KPIs como reprocesado y estabilidad post-closure–, su mayor dueño le retacea el apoyo en las juntas.

Solo el 0,5% de los relaves globales está bajo reprocesamiento activo hoy

Ese mensaje lo entienden en Wall Street. Es el capital, ejerciendo su propiedad, el que empujar el cambio de política, como se vio con la renuncia de la directora general de Glencore Perú, Victoria Soyer Toche en setiembre de 2024 por los graves incumplimientos de la empresa en materia ambiental y social.

El algoritmo como arquitecto del metabolismo microbiano

El cambio de paradigma no es pura cháchara; está sustentado por una convergencia tecnológica que alcanzó madurez comercial en 2025, evolucionando de pioneros como DRDGOLD, una histórica minera de oro sudafricana que pasó de operar a través de la producción tradicional y se transformó en una moderna empresa líder en el tratamiento de relaves.

Tres desarrollos son claves. El primero es el Cerebro Digital. Compañías como EnviroGold Global, en sociedad con el gigante tecnológico Andritz, han validado su proceso NVRO mediante la plataforma de simulación IDEAS de Autodesk, demostrando resultados con tasas de recuperación de hasta el 99,55% para el oro y 98,96% en la plata. La estrategia se basa en un gemelo digital, un modelo virtual del depósito que se usa para simular todas las etapas del reprocesamiento.

En este entorno digital, se prueban automáticamente miles de combinaciones de parámetros clave —como el tamaño de las partículas (granulometría), la acidez (pH) y los agentes disolventes (lixiviantes)— con el fin de encontrar la configuración que maximice la eficiencia y aproveche mejor el consumo de energía y reactivos. Este trabajo lo realizan algoritmos avanzados de inteligencia artificial (machine learning).

Se recuperan los metales y el material inerte (para uso como árido/backfill). De esta manera, apunta a dejar el pasivo en cero y el terreno restaurado.

Los resultados son contundentes ya que esta metodología ha alcanzado mejoras de hasta el 286% en la eficiencia de recuperación comparada con técnicas convencionales, lo que ha convertido proyectos de relaves abandonados —incluso aquellos con mineralogía compleja (refractaria)— en operaciones rentables, con valor presente neto (NPV) positivo. A diferencia de otros métodos, la filosofía del proceso NVRO es integral: busca la valorización total de la masa del relave y su remediación definitiva, sin generar nuevos pasivos.

Con resultado del NVRO, se recuperan los metales y el material inerte (para uso como árido/backfill). De esta manera, apunta a dejar el pasivo en cero y el terreno restaurado.

El segundo modelo, y más esperanzador, es el denominado Músculo Biológico: la biooxidación comercial. En Tenguel, Ecuador, BacTech Environmental opera una planta que procesa 50 toneladas diarias de relaves ricos en arsénico y oro, extraídos de minas artesanales. Utilizando bacterias como Acidithiobacillus ferrooxidans y Sulfobacillus thermosulfidooxidans en biorreactores de 1.000 m³, logra liberar hasta el 95% del oro atrapado, eliminando la necesidad de cianuro en la etapa primaria y estabilizando el arsénico tóxico en escorodita (FeAsO4·2H2O), un compuesto mineral seguro e insoluble aprobado por la EPA.

Es una operación comercial que reduce la huella de carbono estimada en un 40% versus métodos pirometalúrgicos, con OPEX de $150-200/oz recuperado. “Las bacterias son seres vivos; su rendimiento depende de condiciones precisas como temperatura 35-45°C y redox potencial >600 mV. Hoy, la IA monitorea y ajusta en tiempo real parámetros como el pH y el oxígeno disuelto para mantenerlas en su máximo potencial metabólico. Es un control de precisión que multiplica la eficiencia”, explica Paul Miller, científico Jefe de BacTech Environmental y una autoridad global en biominería, con 25 patentes en bioleaching.

El tercer gran avance es la optimización en tiempo real. Empresas como Draslovka han demostrado con su plataforma MetOptima que la inteligencia artificial puede analizar y ajustar una planta de procesamiento minero cientos de veces por segundo.

¿Cómo lo hace? Utiliza sensores especiales (Raman y XRF) que actúan como “scanners químicos”, analizando la composición de la roca molida de forma instantánea y continua. Con estos datos, el sistema de IA ajusta con precisión milimétrica la cantidad de reactivos químicos que se agregan.

El resultado es contundente: en minas como la de oro Agnew (Sandfire, Australia), este sistema ha logrado aumentar la cantidad de metal recuperado en un 8,5 por ciento. “En una planta convencional, probar un ajuste químico y ver el resultado puede llevar horas.. Nuestro sistema toma cientos de decisiones por segundo, como un piloto automático de máxima precisión. Ese 8,5% adicional de recuperación no es un simple número. Transforma un proyecto con rentabilidad justa en uno muy rentable, elevando la tasa de retorno de la inversión del 8% al 18%”, explica Loutjie Coetzee, director de Servicios Mineros de Draslovka.

La nueva economía que surge de esta convergencia es llamativamente sólida. La “minería de relaves” ofrece una ventaja estructural de costos del 40% en energía (el material ya está triturado a <150 μm), beneficios fiscales específicos en países como Chile (deducciones vía Ley de Renta para remediación), Canadá (TISDD credits hasta 30%) y Australia (R&D Tax Incentive + Junior Minerals Explorer), y vías aceleradas de permisos ambientales, al ser considerada una actividad de remediación bajo directivas como la EU Critical Raw Materials Act.

La geopolítica del relave

El despliegue de estas soluciones revela un mapa geopolítico en tensión. Occidente, liderado por alianzas como EnviroGold-Andritz, apuesta por un modelo de tecnología modular y comercial. Su objetivo es crear plantas tipo, enviables en contenedores ISO de 40 pies (capacidad 100-500 t/día), que puedan entregarse por licencia a mineras medianas en América Latina o África, democratizando el acceso a la remediación rentable vía SaaS para gemelos digitales. Es un enfoque de mercado, que busca crear un ecosistema de proveedores tecnológicos con royalties del 3 al 5% sobre producción.

Ge Shirong; “La minería inteligente no es solo una herramienta de eficiencia; es una garantía de seguridad para la cadena de suministro de materiales estratégicos“.

Oriente, en cambio, prioriza la soberanía estatal y la seguridad de suministro. En China, el modelo de IA Pangu-Mining, desarrollado por Huawei, se integra en complejos mineros estatales como Bayan Obo para recuperar tierras raras críticas de relaves con una eficiencia reconocida del 78%, procesando 1 Mt/año de magnetita-wehrlita.

“La minería inteligente no es solo una herramienta de eficiencia; es una garantía de seguridad para la cadena de suministro de materiales estratégicos. Sistemas como Pangu-Mining nos permiten transformar pasivos nacionales en activos soberanos, con integración 5G para un control distribuido”, afirma Ge Shirong, miembro de la Academia China de Ingeniería y ex Presidente de la Universidad de Minería y Tecnología de Pekín.

En India, el CSIR-Instituto de Minerales y Tecnología de Materiales (IMMT) ha logrado avances clave en la recuperación de hierro y alúmina a partir de los lodos rojos de la bauxita, un pasivo masivo de 150 Mt acumulados de la industria del aluminio de Nalco y Vedanta.

Nuestros algoritmos de optimización genéticos han logrado reducciones en el consumo energético superiores al 20%, un dato vital para la economía de un país que busca liderar la manufactura global bajo Make in India”, explica B.K. Das, investigador principal del CSIR-IMMT, con publicaciones en Hydrometallurgy.

Los nudos por desatar y el camino a seguir

mPero, cuidado, el optimismo debe ser cauteloso. En la actualidad, mnos del 0,5% de los relaves globales están bajo reprocesamiento activo hoy, con solo 1.200 Mt/año en proyectos viables. Persisten barreras como la heterogeneidad extrema de los depósitos (variando de sulfuros a óxidos), los altos costos de capital inicial (CAPEX de entre U$S100M y U$S500M para 1 Mt/año), marcos regulatorios fragmentados en los distintos países donde existen operaciones mineras y la ambigua propiedad de miles de depósitos “huérfanos” que representan el 40% del inventario. Para entender mejor el concepto alcanza con un caso. Un relave de una mina de plata que operó entre 1890 y 1950 en los Andes. La compañía dueña desapareció hace décadas, no hay registros claros de sus sucesores legales, y el depósito nmuestra signos de erosión y filtraciones ácidas a un río, No hay nadie a quien la autoridad ambiental pueda notificar o exigir acciones. Ese es un relave huérfano clásico. Además, la transformación genera lógicas tensiones sociales.

En Australia, sindicatos como el Australian Workers Union discuten la transparencia de los algoritmos y el control de los datos

Surge una nueva clase de empleo –el operador metalúrgico digital, capacitado en Python para dashboards IA–, pero se erosionan empleos tradicionales de la minería primaria, con proyecciones que estima una reducción de entre el 20-30% en mano de obra de campo.

Por ejemplo, en Australia, sindicatos como el Australian Workers Union discuten la transparencia de los algoritmos y el control de los datos, exigiendo que las decisiones automatizadas de la IA no pongan en riesgo la seguridad física de los trabajadores, conforme a la legislación de seguridad laboral. Demandan, así mismo, el “derecho a una explicación” sobre el funcionamiento de sistemas automatizados opacos, poco transparentes.

La salida requiere acción concertada en tres frentes. Primero, una política pública inteligente. Es decir, los gobiernos deben crear regímenes que premien el reprocesamiento sobre el mero almacenamiento, como fondos soberanos para matching grants (Perú MINEM 2026), y destinar estos recursos económicos para catalizar proyectos en pasivos abandonados.

Segundo, Inversión en I+D Colaborativa: la industria debe compartir más datos en plataformas como el Tailings Data Repository para acelerar soluciones modulares y de bajo CAPEX aplicables a la gran diversidad de relaves, incluyendo datasets abiertos.

En tercer lugar, una gobernanza corporativa con sentido de lugar. Tiene que haber una política más agresiva para lograr que los planes integren desde el inicio a las comunidades locales vía Free Prior Informed Consent, creando los nuevos empleos técnicos y asegurando que parte de los beneficios se reinviertan en el monitoreo a largo plazo del territorio remediado con sensores IoT permanentes.

La elección que define la hora que viene

El año 2026 encuentra a la industria minera en un momento bisagra. Por un lado, seguir acumulando montañas de desechos que son una bomba de tiempo ambiental y una carga financiera futura, con pasivos que erosionan márgenes en 5-10% anual. Por el otro, optar por un camino distinto, que permita utilizar la IA y el poder de la biología para desmantelar esas mismas montañas de relaves, extraer el valor que encierran –equivalente al PBI de la UE– y dejar un terreno estable y seguro, certificado bajo ISO 14001 post-closure.

La gran minería del siglo XXI tiene la oportunidad única de reescribir su legado y dejar de ser la industria que extrae valor dejando veneno y transformar el veneno en valor.

La tecnología ya no es la limitante principal. Existe, funciona y es rentable, como lo refrendan los casos de Ecuador (BacTech IRR), Perú (pilotos Newmont Yanacocha y Los Rosales), Sudáfrica (DRDGOLD Witwatersrand desde 1980s) y Chile (Valle Central cobre histórico). La principal restricción ahora es la velocidad de adopción, la voluntad política y la corporativa. El capital global, a través de actores como BlackRock, ya está votando con sus dólares a favor de la circularidad, con $50B en fondos ESG earmarked para tailings en 2026. Pero no alcanza, falta más.

La disyuntiva es brutal, pero útil. Ilumina la esencia de la elección. La gran minería del siglo XXI tiene la oportunidad única de reescribir su legado y dejar de ser la industria que extrae valor dejando veneno, para convertirse en la que extrae veneno dejando valor. No es fruto de un truco de magia.. Es alquimia moderna, hecha de algoritmos, bacterias y, sobre todo, de una decisión consciente. El futuro de nuestros recursos y de nuestros territorios depende de estas decisiones.

Santiago Mendoza / Centauro IA

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