El príncipe heredero Mohammed bin Salman sentado a la derecha del presidente de Estados Unidos, Donald Trump
La escena transcurrió en el Kennedy Center, el espacio cultural nacional de Estados Unidos por excelencia, situado en la orilla este del río Potomac en Washington.
El centro abrió sus puertas el 8 de septiembre de 1971 y acoge desde hace más de de 54 años a numerosos géneros de arte, que abarcan teatro, ballet, danza moderna, música clásica, jazz, pop, psicodélica y folclóre.
Sin embargo, ahora sirvió como decorado de gala para ponerle el broche de oro a uno de los acuerdos más relevantes que Estados Unidos cerró con Arabia Saudita. En este marco, la partitura de la minería tenía como telón de fondo a la geopolítica con el presidente, Donald Trump y el príncipe heredero Mohammed bin Salman dirigiendo una orquesta de U$S1,5 billones.
Sobre el blindaje de EE.UU. a la minería saudí:
“Si China intenta reducir el precio de los minerales para afectar a la competencia, el Gobierno de Estados Unidos cubrirá la diferencia.”
Detrás de esta pomposa cifra y las fotos de rigor, se ocultaba la trastienda de ingeniería política que podría definir quien manda el próximo siglo. Ya no se trata únicamente del petróleo, ahora la moneda de cambio del mundo es el mineral crítico, y el garante de esa moneda es el mismo Pentágono.
Para comprender mejor la magnitud de lo que se está gestando en el Escudo Arábigo, alcanza con levantar un poco la vista y fijar la atención sobre Bob Wilt, designado en 2023 CEO de la firma Saudi Arabian Mining Company, conocida globalmente como Maaden, la compañía minera más importante del Reino.
Wilt no es el estereotipado ejecutivo de traje y corbata que se formó, prolijo, en una escuela de negocios de elite. Es un hombre del nudo gordiano de la defensa de los Estados Unidos, graduado de la Academia Militar de West Point y veterano de guerra.
Sobre la confesión del fin del libre mercado:
“Necesitamos asociarnos con el gobierno. No hay otra opción que tener asociaciones público-privadas.” — James Litinsky, CEO de MP Materials
Su llegada a Arabia Saudí fue una clara señal de que Washington necesitaba dejar a un lado sus históricos resquemores políticos con el Reino para priorizar su estrategia de supervivencia como primera potencia del mundo y abrir la canilla de la tecnología y el capital hacia un subsuelo que le garantice las tierras raras necesarias para achicar la brecha que los separa de China en el terreno de los minerales críticos.
Wilt, el ex oficial norteamericano que gestiona el subsuelo saudí
La presencia de Wilt en la punta de la piramide de Maaden es lo que en el lenguaje de la inteligencia militar se conoce como un factor de interoperabilidad. Para el Departamento de Defensa de los EE.UU, Wilt es un hombre de extrema confianza, un cuadro militar, bien formado y con sobrados conocimientos de minería.
Su historial en West Point garantiza una alineación de valores y objetivos comunes, una disciplina operativa y por sobre todo, una diligencia que ningún otro ejecutivo podría ofrecer. Bajo su mando, Maaden dejó de ser una caja impredecible para adoptar el código JORC, un estándar internacional que permite a los inversores occidentales y al Pentágono conocer con certeza qué recursos mineros se encuentran debajo del desierto saudí, cuánta pureza tienen y qué tan rápido se pueden extraer.
Más que una garantía de calidad les da a los hombres de Wall Street, una señal de empatía y de alineamiento con sus códigos, un diálectico tecnofinanciero común.
Wilt gestiona hoy un patrimonio geológico, que de acuerdo a datos de la propia Maaden, ronda los $S2,5 billones. Pero su tarea trasciende la cortina técnica. Su rol es político. Es el nexo que permite que Arabia Saudita sea integrada a la base industrial de defensa norteamericana.
Sobre el nuevo rol de Arabia Saudita:
“Arabia Saudita ya no es solo un surtidor de petróleo; busca erigirse en la retaguardia industrial de los Estados Unidos.”
Mientras el mundo mira el precio del barril, Wilt ejecuta un plan de inversión anual de U$S2.500 millones para transformar al Reino en el gran proveedor de metales estratégicos de Occidente, particularmente de la Casa Blanca.
En un contexto en el que China domina el refinado de tierras raras, Wilt es el general encargado de abrir un nuevo frente de batalla en Medio Oriente, utilizando la estructura operativa de Maaden como una extensión de la seguridad nacional de Washington.
El Pentágono como socio mayoritario, la prueba en los registros de la SEC
A diferencia de otros acuerdos que se deshacen 24 horas después de las declaraciones de rigor, en el caso Saudí existen documentos legales que prueban la intervención directa de la administración Trump en el sector minero del Reino.
El 10 de julio de 2025, la empresa estadounidense MP Materials presentó ante la Comisión de Bolsa y Valores, la poderosa SEC, el formulario 8 K, donde quedó asentada una inversión de U$S400 millones realizada por el Departamento de Guerra de los Estados Unidos.
Sobre la interoperabilidad militar-corporativa:
“Bajo su mando, Maaden dejó de ser una caja impredecible para adoptar el código JORC, un estándar internacional que permite al Pentágono conocer con certeza qué recursos hay bajo el desierto saudí.”
Esta inyección de fondos se hizo a través de acciones preferentes convertibles de la Serie A, una maniobra que le otorga al Estado norteamericano un control que excede con creces al campo financiero.
Poco después, el 15 de agosto de 2025, otro registro oficial imbuído por un manto de silencio, confirmó que el Departamento de Defensa tiene en su poder instrumentos oficiales que representan el 15% del capital total Este dato resulta crucial para entender la alianza con Maaden. MP Materials es el socio tecnológico que está montando la refinería de tierras raras en Arabia Saudita.
Al controlar el 15% de la firma tecnológica, el Pentágono se asegura un asiento en el directorio donde se decide el destino de los minerales que alimentarán la próxima generación de cazas de combate, misiles guiados y, por supuesto, la misma infraestructura de la Inteligencia Artificial.
Sin embargo, algunos analistas consideran que no existe una primacia de Estados Unidos en el acuerdo. Los documentos firmados en noviembre de 2025 revelan una negociación más pareja de lo que parece. El Pentágono financiará el 49% de la refinería, pero Maaden retendrá no menos del 51% de la propiedad. Fue el ministro de Energía saudí, el príncipe Abdulaziz bin Salman, quien lideró la rúbrica. Arabia Saudita no es una colonia minera: es un Reino que ha descubierto una palanca para sentarse a la misma mesa que Washington.
El blindaje del dólar mineral
Lo más destacado de esta ingeniería de poder es el blindaje que Washington le garantizó a la operación y la sensación de que en esta guerra fría entre Estados Unidos y China se redujo a la mínima expresión el concepto de libre mercado.
No se trata solo de comprar acciones; el Pentágono estableció un precio piso de U$S110 por kilogramo para el neodimio praseodimio, dos componentes claves para los imanes de alta potencia.
Este es un mensaje directo a Pekín: si China intenta reducir el precio de los minerales para afectar a la competencia, el Gobierno de Estados Unidos cubrirá la diferencia.
Además, el acuerdo incluye un contrato de compra asegurada por 10 años a precios que duplican los actuales de mercado. De esta manera, borra cualquier riesgo comercial para la alianza Maaden MP Materials, convirtiendo a la minería saudí en una actividad protegida por el presupuesto de defensa de la primera potencia mundial.
“Cuando tenemos un adversario geopolítico dispuesto a mirar de forma holística ciertos sectores y hacer esas inversiones para asegurarse de que una economía capitalista de libre mercado no pueda ganar en esos sectores, necesitamos asociarnos con el gobierno”, descerrajó sin tapujos. James Litinsky, CEO de Materials, a FOX Business. “No hay otra opción que tener asociaciones público-privadas”, reconoció.
Energía barata e IA la apuesta por los 6,6 gigavatios
La lógica detrás de llevar el refinado de minerales al desierto saudí tiene un plafón económico asociado al costo de la energía.
Arabia Saudita puede generar electricidad a un costo que es entre un 30 y un 50% inferior al precio internacional, debido a que este país subsidia el precio del gas y cuenta con la majestuosa cobertura solar del desierto.
El refinado de tierras raras es un proceso electrointensivo de varias etapas que incluye la trituración, la molienda, la flotación y, por último, la separación con solventes.
Una de las etapas, el proceso de separación de oxidos requiere entre 500 y 1000 KWh por tonelada de material procesado dependiendo del nivel de purezad. Realizar la refinación en Estados Unidos o los países de la Unión Europea tiene costo prohibitivos.
El costo operativo de refinado en Estados Unidos oscila entre los U$S40 y U$S60 el kilogramo mientras que en Arabia Saudita alcanza entre U$S20 y U$S30 y en la competencia China ronda entre los U$S15 y los U$S25, a partir de una decisión del gobierno de este país de subvencionar el costo de la electricidad.
Al desarrollar este proceso en Arabia, bajo la supervisión de Wilt y el financiamiento indirecto del DoD, la alianza logra una competitividad que trata de limitar la fortaleza de China en el negocio de las tierras raras.
El atractivo
Este despliegue energético es el que sedujo a figuras como el magnate Elon Musk, con su firma xAI, y a empresas de la talla de Humain.
El proyecto es elefantiásico.
Construir centros de datos en el Reino con una capacidad de 6,6 gigavatios para el año 2034. Esta potencia de cómputo precisa minerales críticos que saldrán de las minas administradas por Wilt, la energía barata de Arabia Saudita y la tecnología de Estados Unidos.
El secretario de Estado de EE.UU. Marco Rubio ya está coordinando las licencias para que los semiconductores top lleguen a Arabia Saudí, cerrando así un círculo perfecto donde el subsuelo del Reino pone el recurso y la energía y Washington presta el cerebro y los fusiles.
La frontera tecnológica
La saudí-estadounidense, Maaden no se limita a las tierras raras.
Bajo el mandato de Bob Wilt, la compañía aplica la tecnología de extracción directa del litio, conocida en la jerga por la sigla DLE, en los campos petroleros de Ghawar. Esta técnica es revolucionaria porque aprovecha la infraestructura de bombeo de petróleo existente para capturar litio de las salmueras subterráneas.
Mientras Sudamérica todavía centraliza el debate en las piletas de evaporación y el uso del agua, en Arabia Saudita usan la ingeniería petrolera para obtener el litio que se utilizará en el futuro para las baterías de las flotas militares y comerciales.
En paralelo, avanza ael plan de Wilt para duplicar la producción de oro hacia 2030 con el yacimiento Mansourah Massarah apunta a darle a Arabia Saudi una solidez financiera adicional.
El oro es preparatorio del acto escenico,; la verdadera obra se presenta cuando aparecen los metales invisibles que permiten que un dron se comunique con un satélite o que un algoritmo de IA procese billones de datos en un segundo.
Hacia una soberanía compartida o un dominio de Estados Unidos
El acuerdo de U$S1,5 billones anunciado en el Kennedy Center delinea el acta de nacimiento de una soberanía compartida.
Arabia Saudita ya no es solo un surtidor de petróleo, busca eregirse en la retaguardia industrial de los Estados Unidos.
Washington, por su parte, ha logrado trasnacionalizar en los hechos la cadena de suministro de minerales críticos fuera de su ámbito geográfico, pero bajo su control político, un fenómeno similar a su accionar en China en las décadas de los 70, 80 y 90 del siglo XX pero asociado a los recursos naturales en lugar del empleo barato.
Este mapa de poder, donde el Departamento de Guerra garantiza precios y la minería saudí provee la materia prima, es un capítulo central en la guerra que Estados Unidos y sus socios de Occidente mantienen con China, Rusia y en alguna medida con India. El mineralodólar es una realidad documentada en la SEC y ejecutada en el Escudo Arábigo.
En este nuevo mundo, el control del subsuelo es la máxima expresión de la política de defensa y el motor de la hegemonía tecnológica que vendrá.